“Como suele ocurrir en Francia, un gran movimiento social ha cambiado las cartas sacando a la luz contradicciones que se han vuelto inmanejables”

la crisis agrícola que estalló al comienzo de la campaña electoral europea en junio es un buen indicador de la dinámica actual. La rapidez con la que los sindicatos agrícolas ganaron su caso sobre la reducción de las normas medioambientales, el fin del indicador francés de uso de pesticidas, NODU, o incluso la posibilidad de derogar las obligaciones en barbecho es una derrota para los ecologistas. El revés es tanto más grave para ellos cuanto que la opinión pública francesa, también consciente de los problemas del calentamiento global, apoya abrumadoramente al movimiento campesino.

Al mismo tiempo, el concepto de soberanía avanza a pasos agigantados. La crisis vinculada al Covid-19 y las tensiones geopolíticas nacidas de la guerra en Ucrania han cambiado el ambiente que prevalecía durante la última revisión europea de 2019, marcada entonces por el éxito de las marchas por el clima. El regreso de la guerra a Europa ha servido como recordatorio de que la comida es una cuestión estratégica, al igual que las armas o las materias primas.

Francia, al igual que la Unión Europea (UE), no puede correr el riesgo de caer bajo la dependencia de fuerzas hostiles que, al controlar el rumbo, ejercieron una presión insoportable sobre su población.

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A partir de 2022, bajo el gobierno de Elisabeth Borne, el Ministerio de Agricultura y Alimentación pasó a denominarse «Ministerio de Agricultura y Soberanía Alimentaria», mientras que el sector, todavía fuertemente exportador, sufre una pérdida de competitividad. Desde entonces, la retórica se ha afirmado: el sábado 24 de febrero, durante su agitada visita al Salón Agrícola, Emmanuel Macron, accediendo a una exigencia de la Federación Nacional de Sindicatos de Agricultores (FNSEA), indicó que el futuro proyecto de ley reconocería “Nuestra agricultura como gran interés general de la nación francesa”que, según él, lo protegerá “firme y sólidamente”.

Punto de inflexión iniciado

El resultado más tangible de este desarrollo es que el consenso en el que se basaron la Política Agrícola Común y el Pacto Verde Europeo ya no es relevante. El Ministro de Agricultura del MoDem, Marc Fesneau, lo dice cada vez más abiertamente cuando proclama que “Debemos alejarnos de una lógica explícita o implícita o subyacente al decrecimiento”. Emmanuel Macron deja claro este punto al ofrecer en una entrevista con Fígaro : “Salvamos nuestra política agrícola común, pero todavía estaba diseñada de manera demasiado degradante. »

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