Una actualización sobre una movilización que no se debilita.

En Valenciennes, en un control de carreteras, los productores de leche se reparten las responsabilidades por el malestar agrícola

En Valenciennes, alrededor de una mesa de camping instalada entre dos tractores en plena autopista A2, Franck, de 53 años, y Laurent, de 50, idean el futuro de su profesión con tres compañeros productores de leche. ¿Los responsables del malestar actual? “La agroindustria que se beneficia de márgenes garantizados mientras debemos repercutir el aumento de los precios del gasóleo, del agua, de la soja y de los equipos…”explica Franck, que calcula su tiempo de trabajo en 80 horas semanales, de 5 a 19 horas, los siete días de la semana.

Otro culpable, recurrente en las conversaciones, es la Unión Europea. Porque impondría normas diferentes según el país, en detrimento de Francia. “Hay antibióticos para animales, autorizados en Bélgica, pero aquí no”, cree Gauthier, de 19 años, que trabaja con el salario mínimo de su padre, perplejo sobre su futuro desde que se enteró de que uno de sus amigos camioneros ganaba 4.500 euros al mes. Pero entre los manifestantes, el premio por impedirles trabajar bien es para la administración.

Y todas y cada una –hay muchas mujeres– cuentan una historia sobre los deseos de la Dirección Departamental de los Territorios y el Mar (DDTM), encargada de las políticas agrícolas. Como el de este agricultor que quiso esparcir fuera del plazo autorizado a principios de enero porque su purín estaba desbordado. “Le pedimos una foto, un punto de geolocalización, un cheque de 150 euros por gastos de tramitación… prometiéndole una respuesta en diez días”Puf franco. “Se convierte en una tontería. »

¿Cuándo planeaban él y sus colegas desbloquear la carretera? » Cuando (Gabriel) Attal vendrá a vernos. » Una respuesta que va en contra del desencanto expresado por los manifestantes hacia los políticos, de todos los bandos.

Alejandro Lenoir